
Carlos De La Peña egresó como técnico en Martillero Público y Corredor de Comercio de la FCJS. Inició la carrera, la continuó y logró concluirla cumpliendo su condena en la cárcel de Las Flores de la ciudad de Santa Fe a través de UNL Virtual.
Días antes de la ansiada libertad, Carlos ingresó a su aula virtual y confirmó la noticia. Se trata del segundo egresado del Programa Educación Universitaria en Prisiones de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, pero con la particularidad de haber cursado y completado la tecnicatura en Martillero Público y Corredor de Comercio íntegramente desde la unidad penal a través de UNL Virtual.
De la Peña supo de la posibilidad de estudiar a raíz de un cartel informativo que convocaba a todos los internos a presentarse como aspirantes para alguna de las carreras de UNL Virtual. “Como cumplía con los requisitos, me anoté. A mí siempre me gustó estudiar, aprender”, resaltó.
En un contexto de encierro, estudiar y formarse tiene sus particularidades. Carlos debió cumplir dos condenas. Durante la primera, asegura que no le quedó tiempo ni siquiera para “pensar en estudiar. Uno está aprendiendo a vivir (en la cárcel), no podés desconectarte. Me dediqué a conocer lo que era ese tipo de vida, en la segunda condena, estudié”.
Sobre qué significó haber podido acceder a la formación superior, Carlos remarcó que “me di cuenta que crecés intelectualmente. De todos modos, por estudiar no es que el mundo te ve mejor, sino que uno se siente mejor para encararlo. No sos mejor persona porque estudiás, cualquier puede hacerlo, pero es un progreso”.
Estudiar en prisión
Carlos transitó su camino universitario entre su pabellón y el aula universitaria con la que cuenta la cárcel de Las Flores. Fue uno de los primeros inscriptos desde que inició el Programa en 2004; tiempos en los se contaba con una PC, sin conectividad. Después llegarían más PCs y la banda ancha.
Sobre el modo en que organizaba su estudio, Carlos remarca que “costó las primeras veces. Por ejemplo la música fuerte (en el pabellón) molesta, porque tras que te tenés que concentrarte en algo nuevo, estás obligado a escuchar música”. A esa dificultad, la fue “alivianando” colocando su grabador “cerca, con lo quería escuchar y así limitaba mi mundo, creaba mi ambiente de estudio”.
Carlos recuerda las palabras de profesores durante algunas charlas y de los coordinadores que semanalmente asisten a la prisión para favorecer asistirlos en cuestiones operativas. “Recalcaban que para estudiar tenías que dedicar un mínimo de cuatro horas diarias: eso me quedó grabado. En el pabellón trataba de estudiar de 7 a 12 porque en ese horario no hay tanto ruido”.
Investigar a pesar de la cárcel
Carlos rindió de manera presencial los exámenes finales, pero se encontró con una limitación que tenía que ver con realizar el trabajo final de la carrera. “Había que visitar tres o cuatro inmobiliarias, consultar precios de alquileres, de ventas, verificar las propiedades. Con ese material realizar una valuación de la propiedad a tasar. Me era imposible salir de la Unidad, entonces dije, lo voy a hacer de manera virtual. Visité páginas de inmobiliarias, pedí fotos, cotizaciones, me comuniqué con agentes inmobiliarios vía mail, eso me permitió hacer mi tesis”.>Carlos asimismo se encuentra promediando la tecnicatura en Diseño de Mobiliario de FADU. “Había que presentar planos de la casa que uno evaluaba y me era imposible acceder. Entonces como estudio en la Facultad de Arquitectura parte del dibujo técnico que te enseñan, lo apliqué al diseño de casas. Lo inventé porque la casa que evalué era la mía, que la conozco baldosa por baldosa, entonces mentalmente saqué las medidas”.
Luego de preparar su trabajo final con una dedicación de seis horas diarias durante un mes, llegó al aula de Las Flores y anticipó la noticia ante sus compañeros de estudio: “Me recibí, soy Martillero”.
