Las primeras experiencias de los estudiantes de UNLVirtual que viven y estudian en la recientemente inaugurada Residencia Universitaria de la Cárcel de las Flores.
A los ojos foráneos la idea de un lugar específico para vivir y estudiar dentro de la cárcel se pensaría como un espacio del que nadie dudaría en estar, pero en un contexto de encierro todo es más complejo de lo que parece.
Por disposición de la dirección de la Unidad de Ejecución de Penas Nº 2, Las Flores, se resolvió reflotar un viejo anhelo del Programa Educación Universitaria en Prisiones: contar con un espacio físico exclusivo para los estudiantes privados de su libertad que lo hacen a través de UNLVirtual.
Así fue que recientemente se inauguró la Residencia Universitaria de la Cárcel de Las Flores, que cuenta con cuatro dormitorios, baño, comedor y cocina, pero lo más importante, al decir de los propios estudiantes, silencio, tranquilidad, y autodisciplina.
A diferencia de los pabellones, algunas normas de convivencia dentro de la residencia la estipulan los propios estudiantes, ellos decidieron organizar la limpieza, el orden, quién cocina, como así también los tiempos de estudios.
“Tenemos libertad de horarios, si queremos estudiar de noche no hay ninguna restricción, no tenemos el sistema de cierre y apertura de puertas de celdas como en los pabellones. A las dos de la mañana se puede ir al baño cosa que en los pabellones no se puede porque está la puerta cerrada”, remarcó Joel, estudiante del Bachiller en Ciencias Jurídicas y Sociales de la FCJS y uno de los tres que decidió formar parte de la Residencia Universitaria.
Emilio también vive en la residencia, ingresó este año a la tecnicatura en Diseño de Mobiliario de FADU. “Los lineamientos que pusimos con los chicos tienen que ver con colaborar todos con todo, limpiamos entre los tres, comemos juntos, al tema del estudio cada cual lo maneja como quiere, en ese sentido, nos llevamos bien. Ya nos conocíamos porque estuvimos anteriormente conviviendo en otro pabellón”.
Compartir los espacios
Joel cumple una condena larga y las expectativas frente al estudio son otras. “Acá hasta las conversaciones cambian. En los pabellones se habla de temas recurrentes, ahora charlamos de otras cuestiones, siempre relacionadas a lo que estamos haciendo y estudiando”.
Alfredo también comparte la residencia junto a Emilio y Joel. “Cada uno de nosotros damos prioridad al estudio. También es una forma de integrarse a una familia, a la sociedad, es muy constructivo y estamos muy agradecidos”.
El abogado y docente de la UNL, Augusto Montero, es el coordinador del Programa en la cárcel de Las Flores. Durante la charla en la misma residencia remarcó que “es muy importante lo que se genera en torno al espacio compartido. La educación a distancia no necesariamente requiere compartir espacios, por lo que cada uno de los estudiantes podrían tener su PC en la celda, que les llegan los materiales por correo y son formalmente estudiantes, pero al compartir se genera otro tipo de vínculo que posibilita que se ayuden entre ellos”.
Nada es simple
Además de los tres estudiantes que actualmente conviven en la Residencia, a la charla se sumaron Daniel, Raúl, Lucas y Carlos. En lo que ahora es la Residencia Universitaria, anteriormente era un pabellón común. Los estudiantes explican que Las Flores está organizada en “tres círculos” con sus pabellones y sus beneficios. Aquellos internos que están en libertad casi absoluta conforman uno de estos círculos: tienen que presentarse a dormir por las noches; otro “círculo” comprende los pabellones conocidos como “extramuros”, donde existe un régimen de salidas transitorias. Y finalmente, el otro círculo es aquel donde los internos no gozan de este tipo de beneficios y donde se encuentra la Residencia Universitaria.
Para los estudiantes que se encuentran en los pabellones “extramuros” vivir en la Residencia Universitaria lo toman como un “retroceso” en el sentido que vuelven a un sitio identificado con las primeras etapa de la condena, aunque formalmente no se pierden los logros. En este sentido, algunos prefieren seguir en sus pabellones. Asimismo, no están permitidas las visitas íntimas por lo que también es un motivo para que no se decidan a vivir en la Residencia.
El silencio
Si hay algo que no prevalece en los pasillos y pabellones de las cárceles es el silencio. Cumbias, llamados a los gritos, ruido a hierro de las puertas que se abren y cierran dominan la escena casi todo el día. Situación que dificulta estudiar. “Para mí lo más importante de la residencia es la tranquilidad y el silencio -asegura Emilio-. Es un ambiente para el interno que realmente quiere estudiar y hacer una carrera; en los pabellones del silencio y tranquilidad olvidate”.
El coordinador Augusto Montero aseguró que la idea “fue generar un espacio para que los estudiantes universitarios puedan vivir y puedan estudiar con más tranquilidad, teniendo en cuenta que en la cárcel los espacios no sobran”.
Pensando en el después
Emilio asegura que “en la calle” hubiera sido imposible haber iniciado una carrera universitaria por lo que asegura que aprovechará el tiempo al máximo. En ese sentido, destacó la importancia para quienes recuperan la libertad de poder tener la posibilidad de realizar una pasantía laboral “pagas o no –aclara- para que tengamos un estímulo”.
Finalmente, todos coinciden en la importancia de la Residencia, incluso también sus deseos tienen que ver con que haya otra residencia en los pabellones “extramuros”. También destacan con orgullo que se trata de la primera experiencia de este tipo en Santa Fe y lo consideran como una prueba piloto que si funciona comenzará a desarrollarse en otras prisiones. “Depende de nosotros cuidar este espacio”, remarcan.
